Por: María Ester Jozami


“Instituir la vida: formulación clave que resume la tarea. La Fábrica del hombre no es una factoría destinada a reproducir cepas genéticas. Jamás veremos gobernar a una sociedad sin los cantos y la música, sin las coreografías y los ritos, sin los grandes monumentos religiosos o poéticos de la Soledad humana” (Legendre, p. 12)
 
A partir de la idea de un   mundo “globalizado”  se insiste en  imaginarizarlo como una suerte de “tabla rasa”. Desde  ella, y sostenido en la  omnipotencia científica y la ilusión de la “muerte de las ideologías”, se pronostica el advenimiento de  una suerte de “pos-humanidad”.
Esto implicaría el éxito de una desmentida, de aquella que nos refiere y nos trasmite nuestro lugar de sujeto  como siendo soporte y efecto de una historia.
Por tanto un intento vano de “ir más allá de la Historia”, de escamotear la deuda de ser efecto y soporte de esa construcción que la Historia relata.
Podemos pensar que desconocer,  como base para fundar lo que se da en llamar “pensamiento único”, “universal”  solo puede estar al servicio de sostener la fantasía de un “Saber único”. Sus  depositarios  privilegiados son las  corporaciones que ostentan el poder del mundo planetarizado. Y ellas pertenecen especialmente al mundo occidental.
Peligrosa  fantasía  que pone en escena la relación de Occidente con la Razón.
Entendiendo que es en la Razón donde se sustentan y reproducen las sociedades, y por ende los sujetos singulares en sistemas genealógicamente organizados.
Genealogía y filiación enmarcan la problemática estructural y estructurante de lo que nombramos como “el sujeto y lo social”.
Esto nos remite directamente al fundamento de los montajes institucionales de la Razón.
Nada tan “humano” como intentar escapar de la finitud, de lo que somos, y Occidente no escapa de este destino común.
Lo que está en su base es la “fantasía de asesinato”. Entra en juego desde lo singular y lo social la cuestión del parricidio, tal como lo plantea el psicoanálisis freudiano.
Más precisamente se pone en juego el Principio de Razón, aquél que posibilita el sostenimiento de la Referencia.  Entendiéndola en la vastedad  de su alcance.
Podríamos decir en palabras de Legendre, “Referencia de valor totémico” una suerte de metáfora de la constitución de los sujetos, de aquellos que nombramos como efecto y soporte de lo social.
Nos encontramos con en el fundamento mismo de la construcción humana y por ende, de  la relación de pertenencia mutua del sujeto  y la civilización.
En el mundo occidental la Referencia fundadora, de contenidos cambiantes en tanto tome  los discursos de: la Religión, la Ciencia y/o la Democracia,  producen o intentan reproducir un efecto de ordenamiento, de normatividad social  tal como nos muestra la historia de los dos últimos siglos.
Esto afecta directamente el concepto clásico de territorio, aquél  que surge de la noción jurídica del término “territorium”, que los etimologistas  definen:”como el lugar  donde el Magistrado público ejercía el derecho de atemorizar” (Legendre, p.23).
Los contornos geográficos-políticos-  etc. tienden a partir de esto a hacerse difusos. Y esto corre también  para los posibles acuerdos económicos o de defensa.
Retomemos la etimología de “territorium”, si entendemos que  la Referencia Occidental tiene márgenes de actuación tan amplios que abarcan casi  “al Mundo”,  tal vez tengamos algunas pistas de los porqué del auge  de  las Guerras planetarizadas contra el Terrorismo, y por ende de los  grupos de poder que ostentan su lugar de Amo Absoluto funcionando como gendarmes del Planeta.
Ahora bien, es necesario inscribir a Occidente, o mejor aún  su Relato en la estructura del universo.
Ese universo que nos incluye a los seres hablantes y nos remite a una historia genealógica y por ende nos enfrenta y nos confronta con la clara expresión freudiana la que  planteaba que: “el desarrollo de la cultura se asemeja al del individuo y trabaja con los mismos medios” Freud (Freud, 1930/1996.)
Los montajes que hacen posible la articulación entre “sujeto y sociedad” son los que dan significación al concepto de civilización y esto se podrá sostener en tanto una función institucional  sea su soporte.
En Occidente, esta función,  está referida al poder del Estado. Recurramos una vez más a la etimología; el término Institución nos remite a la “función” de sostener, y el término “Estado”, tiene el sentido de “modos de disposición que permiten a las cosas del poder mantenerse de pie” (Legendre, p.63).
Podríamos decir entonces que el Estado, se construyó como instancia lógica destinada a organizar la articulación normativa del lazo subjetivo y social.
El concepto de Estado, (no olvidemos), es el producto del “libreto” Judeo-Cristiano y esto no es sin consecuencias. Instala un nuevo fenómeno genealógico que compromete la transmisión de un modo de lazo subjetivo-social respaldado por la estructura del monoteísmo occidental y las normas compatibles con él.
Es posible pensar entonces, que en tanto el principio estatal capitaliza lo religioso, lo  político y lo jurídico en la construcción del mundo moderno, su exportación mundial es la base de lo que la idea de globalización actual conlleva, intentando plasmar  una “civilización mundial”.
Ahora bien, ¿qué es “la Cultura Occidental? ”Podemos hablar de identidad occidental? Esto nos instala frente al complejo concepto de “identidad”.
Recordemos el planteo freudiano ya citado:“el desarrollo de la cultura se asemeja al del individuo y trabaja con los mismos medios” (Freud, 1930/1996).Tomando este planteo como punto de partida se hace necesario referirnos a las cuestiones subjetivas y socioculturales en términos de “estructuras”. Su constitución  se percibe en sus efectos.
Subrayamos una vez más, el sujeto y lo social: es /son efecto y soporte de aquello que los constituye.
Esto nos remite directamente  a una nueva lógica: la de los montajes humanos.
Legendre (p.44) dice: “la noción de identidad…excluye afrontar la cuestión de la estructura, es decir, una cuestión que desborda a la Ideología moderna. La noción de identidad nos pone frente a la lógica de los montajes de la identidad, frente a un sistema de relaciones…”
¿Qué nos da “certeza” de “ser quienes somos y lo qué somos?
Hablamos de “estructura”, de “Referencia fundadora” ,nuevamente el planteo freudiano antes citado debe ser subrayado: los sujetos y lo sociocultural, soportes y efecto.
Ahora bien, su  constitución presuponen la  referencia a un “mito fundador”.
“Ley del vivir”, nos recuerda Legendre citando la formulación de Ruffin en el siglo XII (Summa decretorum), dice allí: “Los desarrollos van a apoyarse en esta consideración primordial: la civilización como expresión instituida de la “ley del vivir”, a partir de la cual podemos reencontrar enriquecidos los dos temas principales: “el trasfondo de la formación del sistema moderno de las ciencias, y el saber sobre el sujeto, saber que impregna los conceptos de civilización, cultura y sociedad. (Freud, 1930/1996)
 
Enero 2011 
 
Referencias:
Freud, S. (1996). “El malestar en la cultura”. En Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu Ediciones. (Texto original publicado en 1930).
Legendre, P. (2008). La fábrica del hombre occidental. Buenos Aires: Amorrortu Ediciones.